Novena de Navidad del Niño Jesús completa, día por día

Aprende una novena de navidad tradicional.

Conoce en el siguiente artículo, una popular novena de navidad del niño jesus relacionada a la navidad e ideal para compartir con los hijos.

El tiempo de Navidad, según las tradiciones cristianas, es un tiempo de esperanza, amor, amistad, de paz y renovación de la fe. La historia del nacimiento del Niño Jesús en el Nuevo Testamento es un relato ideal para iniciar a los más pequeños en el cristianismo.

Conoce esta bella novena con la que además puedes pedir por tiempos de paz, armonía y amor para ti y tus seres queridos.

Novena al Divino Niño Jesús para navidad

Antes de rezar cada una de las oraciones de los días correspondientes, debes rezar la oración preparatoria que encontrarás al principio de esta novena. Rézala 9 días seguidos por las noches frente a una estampita o figura del Divino Niño Jesús.

Oración preparatorio al Niño Jesús (para todos los días)

Acordaos, oh dulcísimo Niño Jesús,
que dijísteis a todos vuestros devotos,
estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:
"Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado".
Llenos de confianza en Vos, oh Jesús, que sois la misma verdad,
venimos a exponeros toda nuestra miseria.
Ayudadnos a llevar una vida santa para conseguir una eternidad bienaventurada.
Concedednos, por los méritos infinitos de vuestra encarnación y de vuestra infancia,
la gracia de la cual necesitamos tanto
(Se hacen peticiones en silencio).
Nos entregamos a Vos, oh Niño omnipotente,
seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza
que en virtud de vuestra divina promesa,
acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica.
Amén.

Día 1

En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno de su Padre, en lo más alto de los cielos.
La vida del Verbo Eterno en el cielo era una vida maravillosa y sin embargo, misterio sublime, busca otra morada, una mansión creada. No porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad,
sino porque su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación del género humano,
que sin El no podría verificarse.
El pecado de Adán había ofendido a la Majestad Divina
y esa ofensa infinita no podía ser perdonada sino por los méritos del mismo Dios.
Era pues, necesario que Dios tomase la forma del hombre sobre la tierra,
y con la obediencia a los designios de su Padre expiase aquella desobediencia.
Era necesario que tomase la forma, las debilidades e ignorancias inconscientes de la infancia,
para expiar las debilidades e ignorancia del hombre; que creciese,
para darle crecimiento espiritual; que sufriese, para morir a sus pasiones y a su orgullo
y por eso el Verbo Eterno que ardía en deseos de salvar al hombre, resolvió hacerse hombre también
y así redimir al culpable.

Día 2

El Verbo Eterno se halla a punto de tomar su naturaleza creada en la santa casa de Nazaret, en donde moraban María y José. María pasaba las silenciosas horas de la noche en la unión más estrecha con Dios y mientras oraba se le apareció el Arcángel San Gabriel, enviado de parte de Dios, con el fin de pedirle su consentimiento para la Encarnación.

Aquel momento fue muy solemne; era potestativo en María el rehusar. Con qué adorables delicias, con qué inefable complacencia aguardaría la Santísima Trinidad a que María abriese los labios y pronunciase el "fiat" que debió ser melodía para sus oídos y con el cual se conformaba su profunda humildad a la omnipotente voluntad divina. La Virgen Inmaculada ha dado su consentimiento El Arcángel ha desaparecido. Dios se ha revestido de una naturaleza creada y la voluntad eterna está ya cumplida.

En las regiones del mundo angélico estallaba un júbilo inmenso. El Verbo se había hecho carne y aunque todavía invisible para el mundo, habitaba ya entre los hombres a quienes su inmenso amor había venido a rescatar. No era ya sólo el Verbo Eterno, era el Niño Jesús revestido de la apariencia humana, que justificaba ya el elogio que de El habían hecho todas las generaciones al llamarle el más hermoso de los hijos de los hombres.

Día 3

Así había comenzado su vida en la tierra el Niño Jesús. Consideremos el alma gloriosa y el santo cuerpo que había tomado, adorándolos profundamente.

Admirando en primer lugar el alma de ese Divino Niño, consideremos en ella la plenitud de su gracia santificadora, la de su ciencia beatífica, por la cual desde el primer momento de su vida, vio la divina Esencia más claramente que todos los ángeles y leyó lo pasado y lo porvenir con todos sus arcanos y conocimientos. No supo nunca por adquisición voluntaria nada que no supiese por infusión desde el primer momento de su ser; pero El aceptó todas las debilidades de nuestra naturaleza a que dignamente podía someterse. aun cuando no fuesen necesarias para la grande obra que debía cumplir. Pidámosle que sus divinas facultades suplan la debilidad de las nuestras y les dé nuevas energías; que su memoria nos enseñe a recordar sus beneficios, su entendimiento a pensar en El, a no hacer sino su voluntad, lo que El quiere y en servicio suyo.

Del alma del Niño Jesús pasemos ahora a su cuerpo que era un mundo de maravillas, una obra maestra de la mano de Dios. No era como el nuestro, una traba para su alma, era por el contrario un nuevo elemento de santidad; quiso que fuese pequeño y débil como el de todos los niños y sujeto a todas las incomodidades de la infancia para asemejarse más a nosotros y participar de nuestras humillaciones. El Espíritu Santo formó ese cuerpecito con tal delicadeza y tal capacidad de sentir, que pudiese sufrir hasta el exceso para cumplir la grande obra de nuestra Redención. La belleza de ese cuerpo del Divino Niño fue superior a cuanto se ha imaginado jamás, y la divina sangre que por sus venas empezó a circular desde el momento de su encarnación, es laque lava toda las manchas del mundo culpable. Pidámosle que lave las nuestras en el sacramento de la penitencia, para que el día de su dichosa Navidad nos encuentre purificados, perdonados y dispuestos a recibirle con amor y provecho espiritual.

Día 4

Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su entera sumisión a Dios, la cual continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, lo amaba, se sometía a su voluntad; aceptaba con resignación el estado en que se hallaba, conociendo toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades. Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante, sin pleno goce de la razón y de la reflexión? Quién pudiera sostener a sabiendas un martirio tan prolongado, tan penoso de todas maneras? Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humillante carrera; así empezó a anonadarse delante de su Padre; a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su criatura, a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados, y a hacernos sentir toda la criminalidad y el desorden de este orgullo.

Deseamos hacer una verdadera oración? Empecemos por formarnos de ella una exacta idea contemplando al Niño en el seno de su Madre. El Divino Niño ora del modo más excelente. No habla, no medita, no se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado, aceptado con la intención de honrar a Dios, es su oración y ese estado expresa altamente todo lo que Dios merece, y de qué modo quiere ser adorado por nosotros.

Unámonos a la oración del Niño Dios en el seno de María, unámonos a su profundo abatimiento, y sea éste el primer efecto de nuestro sacrificio a Dios, no para ser algo, como lo pretende continuamente nuestra vanidad, sino para no ser nada; para estar eternamente consumidos y anonadados; para renunciar a la estimación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza, aunque sea espiritual, a todo movimiento de vanagloria. Desaparezcamos a nuestros propios ojos y que Dios sea todo para nosotros.

Día 5

Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Dios en el seno de su purísima Madre. Veamos hoy también la vida que llevaba María durante el mismo espacio de tiempo. Necesidad hay de que nos detengamos en ella si queremos comprender, en cuanto es posible, los sublimes misterios de la Encarnación y el modo como hemos de corresponder a ellos.

María no cesaba de desear el momento en que gozaría de esa visión beatífica terrestre: la faz de Dios encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el cielo durante toda la eternidad.

Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos cuyos rayos debían esparcir para siempre la felicidad en millones de elegidos. Iba a ver aquel rostro todos los días, a todas horas, a cada instante durante muchos años. Iba a verle en la ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares de la juventud en la serenidad reflexiva de la edad madura. Haría todo lo que quisiese de aquella faz divina; podría estrecharla contra la suya con toda la libertad del amor materno; cubrir de besos los labios que debían pronunciar la sentencia a todos los hombres; contemplarla a su gusto durante su sueño o despierta, hasta que la hubiese aprendido de memoria. Cuán ardientemente deseaba ese día!

Tal era la vida de expectativa de María; era inaudita en sí misma, mas no por eso dejaba de ser el tipo magnífico de toda vida cristiana. No nos contentemos con mirar a Jesús en María; pensemos que en nosotros también reside, por esencia, potencia y presencia. Jesús nace continuamente en nosotros por las buenas obras que hacemos en estado de gracia; de manera que el alma que se halla en gracia es un seno perpetuo de María, un Belén interior sin fin. Después de la Comunión, Jesús habita en nosotros durante algunos minutos, real y sustancialmente como Dios y como hombre, .porque el mismo Niño que estaba en María está también en el Santísimo Sacramento. ¿Qué es todo eso sino una participación de la vida de María durante esos maravillosos meses, y una expectativa tan llena de delicias como la suya?.

Día 6

Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de José y de María y allí era de creerse que había de nacer, según todas las probabilidades. Mas Dios lo tenía dispuesto de otra manera, y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se cumpliese esta predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con este objeto, a saber, la orden dada por el Emperador Augusto de que todos los súbditos del Imperio Romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios. María y José, como descendientes que eran de David, no estaban dispensados de ir a Belén; y ni la situación de la Virgen Santísima, ni la necesidad en que estaba José del trabajo diario que les aseguraba su subsistencia, pudo eximirlos de este largo y penoso viaje, en la estación más rigurosa del año.

No ignoraba Jesús en qué lugar debía nacer y así inspira a sus padres que se entreguen a la Providencia y que de esta manera concurran inconscientemente a la ejecución de sus designios. Almas interiores: observad este manejo del Divino Niño porque es el más importante de la vida espiritual; aprended que quien se ha entregado a Dios, ya no ha de pertenecer a sí mismo, ni ha de querer a cada instante sino lo que Dios quiera para él, siguiéndole ciegamente, aún en las cosas exteriores, tales como el cambio de lugar, donde quiera que le plazca conducirle. Ocasión tendréis de observar esta dependencia y esta fidelidad inviolable en toda la vida de Jesucristo, y este es el punto sobre el cual se han esmerado en imitarle los santos y las almas verdaderamente interiores, renunciando absolutamente a su propia voluntad.

Día 7

Representémonos el viaje de María y José hacia Belén. Llevan consigo, aún no nacido, al Creador del Universo hecho hombre. Contemplemos la humildad y la obediencia de ese Divino Niño, que, aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de población de su provincia, como si hubiese para El en esa circunstancia algo que le halagase y como si quisiese aprovechar la ocasión de hacerse empadronar oficial y auténticamente súbdito, en el momento en que venía al mundo. No es extraño que la humillación, que causa tan invencible repugnancia a la criatura, parezca ser la única cosa creada que tenga atractivo para el Creador? No nos enseñará la humildad de Jesús a amar esa hermosa virtud?

Ah! Que llegue el momento en que aparezca el deseado de las naciones, porque todo dama por ese feliz acontecimiento El mundo sumido en la oscuridad y en el malestar busca y no encuentra alivio de su males, suspira por su libertad. El anhelo de José y la expectativa de María son cosas que no puede explicar el lenguaje humano. El Padre Eterno se halla, sino es lícito emplear esta expresión, impaciente por dar a su Hijo único al mundo y verle ocupar su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esa Santa Humanidad tan bella, que El mismo ha formado con tan especial y divino esmero.

En cuanto al Divino Niño, objeto de tantos anhelos, recordemos que hacia nosotros avanza lo mismo que hacia Belén. Apresuremos con nuestros deseos el momento de su llegada, purifiquemos nuestros corazones para que sean su mansión terrenal. Que nuestros actos de mortificación y desprendimiento preparen los caminos del Señor y hagan rectos sus senderos.
Oraciones para todos los día.

Día 8

Llegan a Belén José y María buscando hospedaje en los mesones pero no lo encuentran, ya por hallarse todos ocupados, ya porque se les desecha a causa de su pobreza. Empero, nadie puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimentaba tristeza cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño, sonreía también con santa tranquilidad cuando fijaba la mirada en su casta esposa. El Niño, aún no nacido, regocija base en aquellas negativas que eran el preludio de sus humillaciones venideras. Cada voz áspera, el ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos era una dulce melodía para sus oídos. Eso era lo que había venido a buscar. El deseo de esas humillaciones era lo que había contribuido a hacerle tomar forma humana.

Oh Divino Niño de Belén! Estos días que tantos han pasado en fiestas o diversiones o descansando muellemente en cómodas y ricas mansiones, han sido para vuestros padres unos días de fatiga y vejaciones de toda clase.

Ah! El espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios ¿Cuántas veces no lo ha sido también el nuestro? No cerramos continuamente con ruda ignorancia la puerta a los llamamientos de Dios, que nos invita a convertirnos o a santificarnos o a conformarnos con su voluntad? No hacemos mal uso de nuestras penas, desconociendo su carácter celestial, aunque cada una, a su modo, lo lleva grabado en sí? Dios viene a nosotros muchas veces en la vida, pero no conocemos su faz, no le conocemos sino cuando nos vuelve la espalda y se aleja, después de nuestra negativa.

Pónese el sol del 24 de Diciembre detrás de los tejados de Belén y sus últimos rayos doran la cima de las rocas escarpadas que le rodean. Hombres groseros codean rudamente al Señor en las calles de aquella aldea oriental, y cierran las puertas al ver a su Madre. La bóveda de los cielos aparece purpurina por encima de aquellas colinas frecuentadas por los pastores. Las estrellas van apareciendo una tras otra. Algunas horas más y aparecerá el Verbo Eterno.

Día 9

La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén. Desechados por los hombres y viéndose sin abrigo, María y José han salido de la inhospitalaria población, y se han refugiado en una gruta que se encontraba al pie de una colina. Seguía a la Reina de los Ángeles el jumento que le había servido de cabalgadura durante el viaje y en aquella cueva hallaron un manso buey, dejado ahí probablemente por alguno de los caminantes que había ido a buscar hospedaje en la ciudad. El Divino Niño, desconocido por sus criaturas racionales, va a tener que acudir a los irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno y le manifiesten con su humilde actitud, el respeto y la adoración que le había negado Belén.

La rojiza linterna que José tiene en la mano ilumina tenuemente ese pobrísimo recinto, ese pesebre lleno de paja, que es figura profética de las maravillas del altar y de la íntima y prodigiosa unión eucarística que Jesús ha de contraer con los hombres. María está en adoración en medio de la gruta, y así van pasando Pero ha llegado la media noche y de repente, vemos dentro de ese pesebre poco antes vacío, al Dios Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con tan inefables anhelos.

A sus pies se postra su Santísima Madre, en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. José también se le acerca y le rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imponderable oficio de padre adoptivo del Redentor de los hombres.

La multitud de ángeles que desciende del cielo a contemplar esa maravilla sin par, deja estallar su júbilo y hace vibrar en los aires las alegrías de ese GLORIA IN EXCELSIS, que es el eco de la adoración que se produce en torno al trono del Altísimo y se hace perceptible por un instante a los oídos de la pobre tierra. Convocados por ellos vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al "recién nacido" y a presentarle sus humildes ofrendas.

Ya brilla en Oriente la misteriosa estrella de Jacob; y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a los pies del Divino Niño el oro, el incienso y la mirra, que son símbolos de la caridad, de la oración y de la mortificación.

¡Oh adorable Niño! Nosotros también, los que hemos hecho esta novena para prepararnos al día de vuestra Navidad, queremos ofreceros nuestra pobre adoración; no la rechacéis; venid a nuestras almas, venid a nuestros corazones llenos de amor. Encended en ellos la devoción a vuestra Santa Infancia, no intermitente y sólo circunscrita al tiempo de vuestra Navidad, sino siempre y en todos los tiempos; devoción que fiel y celosamente propagada nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas las virtudes cristianas.

niño

Más oraciones católicas a Jesús

Si te ha gustado esta novena al Divino Niño Jesús, aquí te comparto más oraciones a Jesucristo para pedir su intervención en lo que necesites:

  • Oración a Jesús del Gran Poder: Si te encuentras en un momento complicado y necesitas ayuda divina, aquí conocerás la oración a Jesús de Nazareno del gran poder que te ayudará a salir de ese momento difícil.
  • Oración a Jesús Sacramentado: si te encuentras triste y sientes que has perdido la fe, rézale a la figura de Jesús Sacramentado quien te brindará las respuestas para encontrar nuevamente el camino a Dios y a sus bendiciones.
  • Oración al Divino Niño para asuntos urgentes: si necesitas resolver un problema urgente, reza esta poderosa oración al Divino Niño y obtendrás la ayuda que necesita.

¿Conocías la novena al Divino Niño?

Sí. La conozco y la suelo rezar

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Sí. La conozco pero nunca la he rezado

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No. Es la primera vez que leo esta novena

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